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martes, 4 agosto 2026

Igalia: cooperativa coruñesa que sostiene buena parte del software libre

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Con sede en A Coruña, cerca de 150 profesionales y casi veinticinco años de historia, esta cooperativa gallega trabaja en los motores que hacen funcionar navegadores, videoconsolas y buena parte de la tecnología libre que millones de personas usan cada día sin saberlo.

Portada del artículo con el logotipo de Igalia y una foto de grupo de personas de pie juntas en una estructura de piedra con la construcción al fondo.

Imagina que te preguntaran quién hace el trabajo técnico que hay detrás de Chrome, de Firefox o de la consola portátil Steam Deck. Probablemente pensarías en Google, en Mozilla o en Valve. Casi nunca pensarías en una cooperativa de poco más de cien personas con sede en A Coruña. Y, sin embargo, Igalia lleva más de dos décadas siendo una pieza clave —aunque casi invisible para el gran público— en el desarrollo del software libre que sostiene buena parte de internet y, cada vez más, también de los videojuegos.

Igalia nació en septiembre de 2001 en A Coruña, fundada por un grupo de diez profesionales del software que compartían una idea poco habitual en la industria tecnológica: montar una empresa sin jefes, sin jerarquías salariales y con toma de decisiones en asamblea, dedicada por completo al software libre. Más de veinte años después, esa cooperativa da trabajo a cerca de 150 personas —muchas de ellas trabajando en remoto desde distintos puntos del mundo— y se ha convertido en una de las consultoras de software libre más respetadas del planeta, con contribuciones que llegan a proyectos usados por miles de millones de personas: motores de navegadores web, compiladores, controladores gráficos o el propio núcleo de Linux.

En una entrevista reciente en Código Cero, Alberto García, uno de los fundadores de la empresa, explicaba en qué consiste este trabajo: “Igalia es una empresa especializada en software libre, que es el que puede ser usado y modificado para cualquier propósito sin restricciones”. La web oficial de Igalia añade que su misión es ayudar a otras compañías a “utilizarlo en sus productos, mejorando y adaptando el software existente y creando nuevas tecnologías y estándares abiertos”.

Dónde trabaja Igalia

La lista de tecnologías en las que participa Igalia es larga, y buena parte de ellas están presentes en el ordenador o en el móvil de cualquier persona que lea este artículo.

Navegadores web con WebKit y Chromium. Igalia es una de las pocas empresas del mundo, junto con gigantes como Apple o Google, con capacidad real para modificar en profundidad los motores que renderizan casi todas las páginas web del planeta. Es también responsable de WPE WebKit, una versión de WebKit optimizada para dispositivos con pocos recursos que ya está presente en decenas de millones de dispositivos en todo el mundo: televisores, sistemas de infoentretenimiento de coches o electrodomésticos.

Máquinas virtuales y motores de JavaScript. La empresa trabaja sobre V8 (el motor que mueve Chromium y Node.js), JavaScriptCore (el de WebKit) y SpiderMonkey (el de Firefox), además de participar en compiladores como LLVM.

Gráficos con Mesa. Igalia contribuye de forma habitual a los controladores gráficos libres para Linux, lo que incluye soporte para OpenGL y Vulkan en múltiples fabricantes de hardware.

Multimedia con GStreamer. Un equipo especializado de la empresa mantiene y mejora este framework libre de reproducción y procesamiento de audio y vídeo, usado en productos que van desde televisores conectados hasta sistemas de videovigilancia.

Kernel de Linux y sistemas embebidos. Igalia colabora también en el propio núcleo de Linux y en tecnologías de virtualización como QEMU, además de trabajar en accesibilidad digital.

Estándares abiertos. La empresa participa activamente en organismos internacionales como el W3C, ECMA International, WHATWG, IETF o Khronos Group, definiendo cómo evoluciona la web y los estándares gráficos del futuro.

De Steam Deck a Raspberry Pi: software libre también en los videojuegos

En los últimos años, una de las colaboraciones más visibles de Igalia ha sido con la desarrolladora de videojuegos Valve. La empresa gallega participa desde hace años en el desarrollo de SteamOS, el sistema operativo basado en Linux que mueve la Steam Deck y que Valve está llevando también a otros dispositivos. Según contaba Alberto García en Código Cero, la colaboración comenzó con los controladores gráficos y se expandió después a muchas otras áreas: soporte de HDR, cifrado de datos o conectividad Wi-Fi y Bluetooth, entre otras.

Lo importante de este trabajo es que no queda cerrado en SteamOS: las mejoras que hace Igalia benefician a todo el ecosistema Linux, no solo a los usuarios de Valve. Eso es reflejo de una política de trabajo muy concreta que resume el propio García: “Nuestra política es que, si una pieza de software necesita una mejora, se la enviamos siempre a los autores de ese software para que todo el mundo se pueda beneficiar”. Bajo esa misma filosofía, Igalia es también la autora de los controladores gráficos oficiales de la Raspberry Pi 5 y participa en FEX-Emu, un emulador que permite ejecutar aplicaciones x86 en procesadores ARM, además de trabajar en nuevo hardware como el visor Steam Frame.

Una empresa sin jefes

Lo que hace singular a Igalia no son solo las tecnologías en las que trabaja, sino cómo está organizada por dentro. Es una cooperativa de trabajadores en la que las personas socias participan por igual en la gestión y en la toma de decisiones, mediante una estructura asamblearia basada en el consenso. No hay jerarquía salarial: todas las personas que forman parte de la cooperativa cobran lo mismo, con independencia de su antigüedad o de su puesto.

A esto se suman condiciones poco habituales en el sector tecnológico: trabajo en remoto desde cualquier lugar, siete semanas de vacaciones pagadas al año, ocho semanas de baja parental remunerada, presupuesto para equipamiento y para espacio de trabajo, horarios diseñados por las propias personas trabajadoras y retiros presenciales anuales para que los equipos, muchas veces distribuidos por medio mundo, se puedan conocer en persona.

El modelo Igalia

El caso de Igalia demuestra algo que muchas empresas tecnológicas aún dan por imposible: que se puede competir en el software más complejo y crítico que existe —motores de navegadores, controladores gráficos, el propio kernel de Linux— sin depender de código cerrado ni de licencias privativas, y hacerlo además desde una cooperativa sin jerarquías con sede en una ciudad gallega.

Su modelo de negocio también desmonta un prejuicio habitual: que el software libre no genera ingresos suficientes para sostener una empresa. Igalia lleva veinticinco años demostrando lo contrario, vendiendo conocimiento y trabajo de ingeniería —no licencias— a compañías que necesitan que los proyectos libres de los que dependen (un navegador, un controlador gráfico, un sistema operativo) funcionen mejor. Y al devolver siempre esas mejoras a los proyectos originales, todo el ecosistema sale ganando: desde las grandes tecnológicas hasta cualquier persona que use un navegador, una Raspberry Pi o una Steam Deck sin saberlo.

Igalia es una cooperativa de software. Pero su forma de entender el trabajo y la tecnología podría ser un modelo para muchas otras empresas, tecnológicas o no.

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