El Congreso de Cultura y Tecnologías Libres se celebró este año en un municipio de 8.000 habitantes, rompiendo el prejuicio de que estos eventos solo tienen cabida en las grandes ciudades.

Melide, la villa del corazón de Galicia conocida por el pulpo y por el cruce de los Caminos de Santiago, añadió este año un nuevo motivo de orgullo a su trayectoria: acoger esLibre 2026, el Congreso de Cultura y Tecnologías Libres. Un evento itinerante que en 2026 llegó a este pequeño municipio de la provincia de A Coruña de la mano de dos asociaciones: Melisa (Asociación de Usuarios de Software Libre de la Tierra de Melide) y Galpón (el grupo de amigos de GNU/Linux de Pontevedra).
Un congreso que no parece un congreso
Olvidad las corbatas, los podios y las inscripciones de tres cifras: esLibre es otra cosa. La propuesta incluyó charlas y talleres, sí, pero también comidas compartidas de pie para que todo el mundo hablara con todo el mundo, una cena de comunidad el viernes por la noche, talleres para niños y conversaciones que comenzaban en un pasillo y terminaban horas después en una cafetería. Rafael Rodríguez Gayoso, ingeniero informático y uno de los organizadores de Melisa, lo explica con claridad: «El núcleo central son las charlas, pero todo lo que hay alrededor es igualmente importante».
La idea de venir a Melide surgió en la edición anterior, celebrada en Valencia. Fue Miguel Bouzada, miembro de Galpón, quien propuso el salto: «¿Y por qué no? La siguiente edición de esLibre, en Melide». La respuesta, tan gallega como contundente, fue: «¿Por qué no?». Y así fue.
Puede sorprender que un congreso de tecnología eligiera un municipio de 8.000 habitantes, pero quien conoce Melide sabe que el tamaño no define el potencial. La villa tiene vida comercial, una oferta hostelera ampliada por el turismo jacobeo y, sobre todo, la ventaja de que todo queda cerca. Durante los dos días del congreso, los asistentes hicieron a pie todos los desplazamientos: las charlas, los restaurantes y las actividades de ocio. Esa proximidad física favoreció exactamente el tipo de relación humana que buscaban los organizadores.
«Rompimos un esquema preconcebido y nos alegramos de que así fuera», reconoce Galloso.
La implicación institucional fue clave. El Ayuntamiento de Melide cedió sin problemas los espacios municipales para las charlas, los talleres, las zonas de descanso y los expositores. El personal municipal ayudó con la logística: colocación de lonas, traslado de mobiliario y cualquier imprevisto de última hora. Radio Melide contribuyó a la difusión del evento. Y Amtega (Agencia para la Modernización Tecnológica de Galicia) financió gran parte del congreso.
«El Ayuntamiento de Melide se portó muy bien con la organización», señala Galloso.
Casi un año de trabajo voluntario e invisible
Organizar un congreso de este tipo sin una estructura profesional requiere tiempo y constancia. Melisa y Galpón comenzaron las gestiones en agosto de 2025, casi un año antes del evento. Reservas de espacios, tramitación de ayudas, actualizaciones de la web, coordinación del programa, negociación con proveedores… un trabajo continuo que se intensifica durante los dos últimos meses.
El día a día del congreso contó con 26 voluntarios, muchos de los cuales llegaron dos días antes para montarlo todo y se quedaron después para desmontar. «Ver a un grupo de personas coordinadas y sincronizadas que están para lo que haga falta es una satisfacción muy grande», afirma Galloso.
Uno de los momentos más reveladores de la conversación surge cuando se pregunta qué significa realmente «cultura libre» para alguien ajeno al mundo tecnológico. Galloso recurre a un ejemplo muy gallego: cuando un vecino te explica cómo hacer crecer mejor los tomates o combatir una plaga con métodos ecológicos, eso también es cultura libre. Es compartir conocimientos de forma natural, algo que las generaciones anteriores siempre hicieron y que no debemos perder.
«La cultura libre es como una filosofía de vida: entender que el conocimiento que obtenemos y disfrutamos fue compartido por otros antes que nosotros, y que nosotros también debemos compartirlo».
Herramientas como Wikipedia u OpenStreetMap, que millones de personas utilizan a diario, son ejemplos palpables de esa filosofía. Funcionan gracias a licencias libres y al trabajo voluntario de comunidades, no porque alguien las financie con ánimo de lucro.
Del código a la ética: un cambio radical
Para quien llega al movimiento desde la programación pura, el salto hacia el plano político y ético puede resultar revelador. Galloso describe esa transición como «ver la luz»: te acostumbras a trabajar en un mundo completamente propietario y, de repente, descubres que existe otra forma de relacionarse con la tecnología, de compartirla y de mejorarla. «Es un cambio brutal que recomiendo a cualquiera que aún no lo haya experimentado», anima.
Al preguntarle por la situación de la lengua gallega en el ecosistema del software libre, Galloso destaca el trabajo del colectivo voluntario Trasno, responsable durante años de la traducción y localización de aplicaciones al gallego. Hay software mayoritario traducido al 100%. Sin embargo, reconoce que siempre se puede mejorar y que la labor debe continuar constantemente para poner a disposición de los hablantes de gallego el mayor número posible de herramientas libres.
La ceremonia de apertura del congreso corrió a cargo de Lucía Casal, una joven ganadera de Melide. Un detalle que resume bien el espíritu del evento: tecnología libre y territorio, comunidad y raíces, sin que uno excluya al otro.
«Me gustaría que recordaran un evento hecho con mucho cariño, mucha pasión y mucho cuidado por los detalles. Un evento que supiera dónde estaba y de dónde venía», reflexiona Galloso.
Consejos para la próxima edición
Para quienes estén pensando en organizar la esLibre del año que viene, Galloso tiene un consejo principal: empezar cuanto antes. Estamos en junio, el verano pasa rápido y, en cuanto te descuidas, ya estás en 2027. Además: buscar todos los apoyos posibles, delegar funciones, contar con al menos cuatro o cinco personas desde el principio y apoyarse en la experiencia de las ediciones anteriores. Melisa y Galpón están disponibles para compartir lo que han aprendido, incluidos los obstáculos.
¿Y cuál es la pregunta que más les gustaría que les hicieran? «Cómo participar y colaborar con Galpón y Melisa». Porque el movimiento crece cuando se suma más gente.
